Cómo se recoge el café en Colombia: la cosecha, grano a grano
En las montañas colombianas la cosecha se hace a mano, pasando varias veces por el mismo árbol. Te contamos por qué ese trabajo se nota en tu taza.
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Desarrollada por la investigación cafetera del país, Castillo nació para proteger los cultivos de una enfermedad que amenazaba a miles de familias.
Nuestro café de origen es de variedad Castillo. Detrás de ese nombre hay una historia de ciencia hecha en Colombia para cuidar el trabajo de los caficultores.
La roya es una enfermedad causada por un hongo que ataca las hojas del cafeto. Las hojas enfermas se manchan de color naranja y terminan cayendo; sin hojas, la planta no puede alimentar sus frutos y la cosecha se pierde. Para una finca familiar, eso puede significar perder el ingreso de un año.
Castillo fue desarrollada por Cenicafé, el centro de investigación del gremio cafetero colombiano, y entregada a los caficultores a mediados de la década de 2000. Es una variedad de arábica obtenida a partir del cruce de Caturra con el Híbrido de Timor, una planta que aporta la resistencia a la roya.
Además, existen versiones regionales de Castillo, adaptadas a las condiciones de distintas zonas cafeteras del país.
Una variedad resistente significa menos pérdidas, menos fungicidas y más tranquilidad para quien vive del café.
Como pasa con cualquier variedad, el sabor depende mucho de dónde y cómo se cultive. En las alturas de Antioquia, bien cosechada y procesada, Castillo puede dar tazas dulces y equilibradas, con acidez amable y cuerpo medio.
En el lote que tostamos hoy, cultivado a 1.890 metros por Julio Escobar, encontramos notas de caramelo, chocolate y fruta.
¿Sabías que…?
Castillo es un arábica resistente a la roya desarrollado por Cenicafé a partir de Caturra y el Híbrido de Timor.